Desde que, en 1999, la UNESCO adoptara por vez primera el 21 de marzo como Día Mundial de la Poesía. Cada año, se celebra esta efeméride, con el objetivo de apoyar la diversidad lingüística a través de la expresión poética y hacer visibles aquellas lenguas en peligro.
Desde ADSUR, queremos conmemorar este día dando más luz, si cabe, a una poeta de la Sierra Sur, natal de Alcaudete. CARMEN CAMACHO, una poeta con proyección nacional e internacional, que no entiende de fronteras, pues ha hecho de la poesía el mejor vehículo para viajar.
Además de la poesía, Carmen, también cultiva el aforismo, el relato, el articulismo, la crítica literaria y es profesora de escritura creativa. Ha publicado hasta el momento los libros Arrojada (2007), 777 (2007), Minimás (2008 y 2009 -2ª edición-), La mujer del tiempo (2011), Campo de fuerza (2012 y 2018 –reimpresión-), Letra pequeña (2014), Vuelo doméstico (2014) y Zona Franca (2016). En Las versiones de Eva (2014) reúne una selección personal de su trabajo poético. En 2018 ha publicado Fuegos de palabras (Fundación José Manuel Lara), antología del aforismo poético español de los siglos XX y XXI. Como antóloga ha editado además Seré Bre/ Aforismos poéticos y otras breverías (2015) y 10 poetas jóvenes desde Andalucía (2006) publicado por la UNAM con motivo de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, México. En 2011 obtuvo el Premio Iberoamericano Fernando Quiñones. Su obra se encuentra parcialmente traducida a siete idiomas y ha sido incluida en antologías principales de poesía y aforística española contemporánea. Pertenece al consejo editor de la revista de poesía Nayagua (Fundación Centro de Poesía José Hierro) y de Apeadero de aforistas, anuario del aforismo español (Libros al Albur). Licenciada en periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, con especialización en información internacional, colabora con Diario de Sevilla y el resto de periódicos del Grupo Joly, así como en varias publicaciones de poesía, arte y pensamiento.
Interesada en el diálogo de la palabra y las artes, ha desarrollado obras de poesía escénica, adaptaciones teatrales y proyectos en colaboración con fotógrafos, pintores, músicos y otros artistas de diversas disciplinas. Ha intervenido en recitales e impartido charlas y talleres en festivales e instituciones culturales de toda España, en otros países europeos, en países árabes como Túnez, Marruecos y Argelia y también en Latinoamérica y en Rusia. Ha comisariado, coordinado y asesorado ciclos, festivales, encuentros y exposiciones de poesía y arte contemporáneo, y ha formado parte del jurado de diversos premios nacionales e internacionales. En la actualidad, dirige varios grupos de creación poética. Vive en Sevilla, a su aire.
Carmen Camacho nos ha hecho un hueco en su apretada agenda para contestar a algunas de nuestras preguntas. Durante el tiempo que hablamos con ella, se muestra cercana, jovial y muy feliz, lleva su tierra donde quiera que va y despierta una energía que contagia a quien la escucha.-
ADSUR: ¿Qué recuerdos tienes de tu pueblo natal?
CARMEN: Cuando hablo de mi pueblo, no puedo hablar tanto de “recuerdos” como de “memoria viva”. Lo que es fundador comparece en el presente, y el campo, el habla, los lugares de mi infancia –desde la escuela a los distintos patios y jardines de mis tías y abuelas-, al cariño que recibí de mi familia y amigos forman parte de mí, me constituyen. Ahondar en esa raíz, en lo doloroso y gozoso de ese ahondamiento: de ahí nace gran parte de mi poesía.
A: ¿Cuándo empezaste a escribir poesía?
C: Desde antes de saber escribir. Me encantaba jugar con las palabras en el aire, de viva voz. Desde siempre he flotado en una especie de verbo anmiótico. Escribo porque no sabría dejar de escribir. Porque si lo hiciera la vida me parecería menos vida.
A: ¿Q personas te influyen o inspiran?
C: Uno de mis principales referentes es el habla de la calle, la voz popular y la mirada poética de quien cree que jamás sabría escribir versos, pero sin embargo mueve las palabras en el aire con sentido, sentimiento y razón. A Lorca o a Bécquer les pasaba lo mismo. Así que puedo decirte que mis primeros referentes están en las palabras en ascuas de mi abuela Carmen, de mi tía Dolores, de mi padre. Debo también mucho a algunos maestros y profesores que tuve en mi pueblo, a una tía a la que le encantaba jugar conmigo y a mis amigos de la infancia. Desde entonces, las influencias no han parado de crecer. En la actualidad, formo parte del colectivo de agitación cultural La Palabra Itinerante. Mis compañeros del colectivo, su manera de hacer poesía y vida son sin duda ejemplo e influencia. Los referentes literarios, son innúmeros. De los filosóficos, destacaría a María Zambrano y Agustín García Calvo.
A: Fusionas poemas y música y has hecho trabajos maravillosos. ¿Cuáles son los que más te han satisfecho o te satisfacen?
C: Estoy con quienes piensan que el arte es una casa sin paredes, y que la poesía, más que un género literario, es una manera de tratar artísticamente la materia riquísima del idioma. Mientras te respondo, suena en la casa donde vivo el contrabajo y el piano en directo de unos amigos que ensayan unas piezas de jazz. Sería imposible que esa música no se colara por las rendijas de las palabras. Toda relación de mi palabra con otras artes es amorosa. Destacaría, quizá, la obra “Toma de tierra”, junto al cante jondo de Juan Murube y a la danza contemporánea de Raquel López Lobato. Es una apuesta muy arriesgada, por lo honestamente desnuda. Adaptar ‘Homero, Ilíada’ de Baricco y dar voz y cuerpo a Helena de Troya en el Teatro Romano de Itálica (¡sin ser actriz, mi recitación es rítmica, no dramática!) fue un rompecabezas. Pero mereció la pena sólo sentir que, al hablar, dejaba pasar por mí los milenios.
A: ¿En qué proyecto estás trabajando ahora?
C: Estoy terminando de trabajar un libro que saldrá próximamente en una editorial sevillana. Paralelamente, preparo un recital que ofreceré el 24 de abril en el Instituto Cervantes de Dublín junto a Ketih Payne, y el que ofrecerá a continuación en el Hausach in the Black Forest (Alemania). Lo más inminente será mañana mismo: la Casa de los Poetas y las Letras de Sevilla ha preparado unas charlas donde hablaré de poesía y activismo con Javier Gallego (Carne Cruda). Ser poeta, para mí, no es una actividad precisamente sedentaria.
A: Aplicas la perspectiva de género en tu obra, ¿Cuándo empiezas a aplicarla? ¿Por qué es necesario el feminismo en la poesía?
C: Cuando una se hace ciertas preguntas, nada vuelve a ser igual. Eso es lo que suele suceder con el feminismo, que atraviesa mi obra desde antes de saber que lo que me crujía por dentro tenía que ver con la vivencia y la experiencia de ser mujer, y no sólo de ser mujer sino de hacerme consciente, verso a verso, de las luchas y peajes y cosas que decir desde mi condición de mujer. En mi poesía no sólo recojo mi voz, sino que trato de escuchar la voz y los silencios de las mujeres que encuentro en mi vida. No soy partidaria de premeditar mis poemas, tampoco de hacerlos panfletarios. Así que, por tanto, el feminismo atraviesa mi poesía porque hace mucho le di entrada militante en mi vida a planteamientos cuestionadores de la realidad. La poesía pone el mundo bocabajo –ahí Antonio Machado me daría la razón- para ponerlo por fin del derecho. Esta es la labor, mira qué ambiciosa: me conformo, también nuevamente con Machado, con dejar en el aire “unas pocas palabras verdaderas”
A: Muchas gracias Carmen, por tus palabras y por tu cercanía. Un orgullo tener en esta tierra poetas como tú.
Aquí podéis leer uno de sus poemas titulado Letra Pequeña
Hay daños que no cubre el seguro
combinado del hogar, lo sé.
Las llamadas perdidas, por ejemplo,
las cartas rotas, la soga de seda,
la noche que hay detrás de los espejos,
esta plaga de cristales en el pecho.
La ablación de mi sed.
Así contraje la enfermedad de los jabones.
Por eso le quise, con todo el hastío.
Contra la vida en vilo
fui hueco en su hueco, frío en la guantera,
materia inmóvil.
Dejé crecer las paredes de esta casa
conmigo dentro.
Pasaron siglos, siglos de reloj.
No abundaré en detalles, señorita.
Sólo diré que he arrancado la puerta de cuajo,
que he tenido la misericordia
de tirar al barro
el azúcar glasé,
que ahora me entra luz en la despensa.
Ya sé, tampoco contempla la póliza
el amor a terceros, el temporal de sol,
el tumulto en las calles ni el motín de la hormiga.
Pero este es un caso de delicadeza mayor.
Y yo sólo llamaba para decirle, amiga,
que me acabo de conceder
a todo riesgo
la incertidumbre de vivir
abierta de par en par.

